Andrés Westendarp, arquitecto

“La actual forma de trabajar es mucho más que poner resbalines en las oficinas”

El socio de Claro + Westendarp Arquitectos conversó con nosotros sobre los cambios en el mundo laboral y cómo la arquitectura y el mobiliario apoyan estos procesos.

Andrés Westendarp le debe mucho al rigor de su papá, quien a los 20 años le “sugirió con autoridad”, como bromea ahora, que empezara a trabajar. “En ese minuto me costó, pero hoy se lo agradezco”, cuenta.

Fue el tener que tocar puertas (“sin pitutos”, aclara), pasar una buena parte de la  Universidad trabajando y partir desde bien abajo, dibujando, lo que le dio el rigor y la humildad que lo caracteriza y lo ha hecho reconocido por su trabajo. Hace 12 años formó, junto a su socio Juan Ignacio Claro, la oficina Claro + Westendarp Arquitectos, donde desarrollan proyectos corporativos, arquitectura de interior y viviendas.

“Creo que lo que nos caracteriza es que hacemos un trabajo súper riguroso, con 1%  de inspiración y 99% de transpiración. El sueño de todo arquitecto es proyectar edificios, pero casi nadie quiere dibujar baños, closets, preocuparse de los enchufes o la calefacción. Creo que un arquitecto incapaz de dibujar un plano, no sirve. Hay que ‘ensuciarse las manos’ y lograr que todos los elementos del puzle funcionen. Las ideas bonitas hay que llevarlas a la práctica, y eso toma muchísimo tiempo de un trabajo en equipo, integrado. El que se tiene que lucir no es el arquitecto, sino el espacio”, afirma. “El arquitecto es sólo un intermediario y ojalá que después todos se olviden de él -dice bromeando-. Cuando se acuerdan mucho es un mal signo, significa que dejó problemas mal resueltos”.

CWA ha trabajado en varios proyectos con Fernando Mayer; por nombrar a algunos: las oficinas del Estudio Jurídico Guerrero Olivos Novoa Errázuriz, Bain & Co., Deloitte, Viña Concha y Toro, Larrain Vial Corredores de Bolsa. Comparte la visión del cambio cultural en la forma de trabajar. “Hace apenas veinte años se trabajaba en forma más individual y en espacios rígidos, cada uno en su escritorio. Hoy, en general, se puede trabajar de un modo más informal, incluso caminando por la calle, tomando un café, desde la casa o en los viajes. Hay más colaboración y la tecnología -en este sentido la gran precursora de todo esto- permite que el trabajo no sea necesariamente asociado a un espacio físico”.

En esta misma línea, dice, la industria del mueble ha sido el receptáculo de estos cambios. “Es la que mejor maneja estos nuevos conceptos”, agrega.

-Estamos ante una forma más colaborativa y menos delimitada para trabajar, pero cómo incide esto en nuestra calidad de vida? Cuesta más desconectarse…

-Efectivamente cuesta más, pero también te permite ciertas licencias en el trabajo. El “Jappening con Ja” graficó muy bien la oficina de los años ochenta, donde si no estabas en tu puesto, estabas “sacando la vuelta”. Hoy, salir a tomar un café puede significar estar gestando, por ejemplo, una relación comercial. Me atrevería a decir que la dificultad de hoy es desconectarse, es una decisión personal, porque el límite entre trabajo y vida privada es cada vez más difuso.

-¿Cómo ves en Chile ese cambio cultural a la hora de proyectar espacios de trabajo? ¿Estamos preparados para dar ese salto?

-Cada empresa tiene su propia cultura y sus propios códigos. La actual forma de trabajar no se trata de poner resbalines en las oficinas, ir de bluejeans y pintar todo de los colores corporativos. Google se ha transformado en casi una caricatura de este cambio; pero lo que funciona en Google o en Ericsson, por decir alguno, no tiene por qué funcionarle a todos por igual. El gran desafío es que el arquitecto sepa identificar y plasmar los códigos correctos. Pienso que Chile no está afuera de este cambio. A nosotros nos ha tocado trabajar con muchas empresas locales que van a la vanguardia en este sentido y están muy de acuerdo con dar ese salto.

-¿Cuál es el rol de los arquitectos en este sentido?

-El arquitecto debe dar una solución de acuerdo a la cultura y las necesidades de la empresa y de los usuarios. No existe arquitectura sin usuario, eso es una escultura. Y la arquitectura debe estar al servicio de la funcionalidad, sin dejar de ser bella. El arquitecto debe ser capaz de estudiar, investigar y entender el proyecto para liderarlo en forma integral, preocupándose de todos los detalles.

-¿Qué define a Claro + Westendarp Arquitectos?

-Comulgamos con la arquitectura moderna, en el más amplio sentido de la palabra. Creemos que la forma es una consecuencia de la función, no nos gusta encasillarnos dentro de estilos. Por supuesto que un espacio y una construcción deben ser armónicos, pero también utilitarios. Somos poco de lucirnos, y muy de auto-críticas. Por lo mismo, aprendemos constantemente de nuestro trabajo. No quiero decir con esto que hagamos arquitectura experimental, pero sí que le damos un papel muy importante a la creatividad, al estudio y a la permanente actualización, sobre todo si se trata de resolver los encargos de nuestros clientes.