Rodolfo Kaufhold, arquitecto

“El mobiliario debe ser parte de la arquitectura, no un accesorio”

Conversamos con el especialista en interiorismo de oficinas sobre  cómo los muebles pueden generar un espacio de trabajo con más colaboración, integración y productividad.

A Rodolfo Kaufhold le apasionan los muebles. O más bien, la disposición de ellos en un espacio, y cómo esto predispone a ciertos comportamientos. Es por eso que disfruta cuando le encargan proyectos que contemplan llevar a las organizaciones a mayor interacción entre las personas, trabajo en equipo y comunicación.

“A mayor colaboración y trabajo en equipo, mejor trabaja la gente. Además, lo que puede ser aparentemente una gran inversión en muebles, termina por rentabilizar el espacio, ya que el metro cuadrado, que hoy es tan caro, es mejor utilizado. Lo que no se gasta en construcción debe gastarse en diseño de espacio”, dice.

Pone ejemplos: “En algunas empresas en Chile, las áreas colaborativas o lounge han generado tan buenos resultados que ahora todos trabajan ahí. Las oficinas están vacías. Ahí se producen dos fenómenos súper buenos para la organización: la gente trabaja más contenta y hay espacios que pueden ser usados para otras cosas”.

Rodolfo es de Temuco, donde estudió arquitectura y además tuvo la oportunidad de hacer un intercambio en la Universidad de Biberach (Alemania), especializada en madera y mobiliario. Después de trabajar cinco años en la oficina de Guillermo Rosende, hoy funciona de manera independiente en Gerenciamiento de proyectos e Interiorismo, y ha tenido a su cargo proyectos como Ernst & Young (junto a Hernán Molina), la Universidad Autónoma de Chile, Campus Providencia, en el proyecto de interiorismo y su Gerenciamiento.

-Las plantas libres son la tendencia, pero también tienen sus detractores…

-Es que planta libre no es sinónimo de falta de privacidad. Hoy el espacio físico es distinto; lo que antes era un muro o un panel hoy tal vez es un mueble. Las plantas libres también permiten generar espacios privados, a través de los muebles. Y las oficinas cerradas siempre tienen que estar, pero tal vez planteadas de otra forma. Hoy pasa que las salas de reuniones se están usando para las conversaciones privadas, y las oficinas, para la interacción. Lo bueno de las planta libre es que elimina los rangos dentro de la oficina; eso por sí solo genera menos competencia y más colaboración.

-¿Cómo interviene  el arquitecto en esto?

-Cambiarle la manera de trabajar a una persona de un día para otro, por muy preparada que esté la organización, es fuerte. Debe ser de manera gradual, y con la percepción de beneficios directos. Además del acompañamiento, claro. Los arquitectos tenemos una gran culpa de imponer nuestros diseños sin acompañar a los usuarios. El año pasado tuve la suerte de conocer el cambio que hizo BMW en Munich, para lo cual se preparó 4 años, con apoyo de sicólogos laborales incluido.

-¿Cuál es el gran desafío para intervenir los espacios de trabajo?

-El gran problema de los edificios grandes es que el mobiliario ha sido concebido como un accesorio, no como parte de la arquitectura. En empresas grandes y exitosas, cuesta distinguir al líder de los demás, porque está al medio de todos trabajando, y eso ha sido apoyado por el diseño del espacio, por incentivar a los usuarios a que se miren, a que sepan qué hace el otro y se apoyen. El mobiliario debe der parte del ADN de la organización. La arquitectura de oficina está en deuda con eso.